Desde hace casi una década, un puñado de astrónomos insiste en que falta un planeta en el sistema solar. No Plutón, sino algo más lejano, más masivo, más escurridizo: el famoso (o infame) Planeta Nueve.
Pero a pesar de simulaciones, estadísticas orbitales y telescopios, nadie lo ha visto. Este nuevo preprint, firmado por Héctor Socas-Navarro e Ignacio Trujillo, explora una hipótesis interesante: ¿y si una roca interestelar que cayó en la Tierra en 2014 (CNEOS14) fue desviada por el Planeta Nueve en su viaje?
Es la llamada “hipótesis del mensajero”, y este artículo describe una búsqueda dedicada y cuidadosa en el cielo para comprobarla. ¿Resultados? No encontraron al planeta. Pero el proceso... es más interesante de lo que parece.
¿Por qué creemos que existe el Planeta Nueve?
Todo parte de ciertas anomalías orbitales en objetos transneptunianos extremos (ETNOs): pequeñas rocas más allá de Neptuno que parecen alinearse misteriosamente en sus órbitas.
Desde 2014, varios estudios (Trujillo & Sheppard, Batygin & Brown, Siraj et al.) han mostrado que esta alineación es estadísticamente rara. La explicación más simple: una masa invisible los está empujando.
Esa “masa invisible” sería un planeta varias veces más masivo que la Tierra, con una órbita muy lejana y excéntrica. Pero aún nadie lo ha visto directamente.
¿Y qué tiene que ver un meteoro?
El 8 de enero de 2014, una bola de fuego llamada CNEOS14 cruzó la atmósfera sobre Papua Nueva Guinea. Su velocidad fue tan alta que algunos investigadores (Siraj & Loeb) concluyeron que venía de fuera del sistema solar.
Socas-Navarro notó algo curioso: la dirección de entrada del meteoro coincidía con la región del cielo donde las simulaciones sitúan al Planeta Nueve. ¿Y si ese meteoro fue desviado por el planeta antes de llegar?
Así nace la hipótesis del mensajero: el meteoro sería un “chismoso gravitacional”, delatando sin querer la ubicación del Planeta Nueve.
La búsqueda en el cielo
Los autores utilizaron el telescopio JAST80 y su cámara T80Cam, observando dos noches consecutivas en 2022 y 2023, en una región de 98 grados cuadrados donde se suponía que podría estar el Planeta Nueve según la trayectoria inversa del meteoro.
La estrategia era sencilla: buscar objetos que se movieran muy poco entre dos noches (como lo haría un planeta lejano), con un desplazamiento por paralaje de entre 4 y 7 segundos de arco.
Pero había un problema: más de un millón de fuentes visibles, y muchísimos falsos positivos por artefactos, rayos cósmicos, estrellas brillantes o diferencias en el seeing.
¿Y qué encontraron?
Nada.
Bueno, más de 900 candidatos… pero todos descartados tras inspección manual y algoritmos.
Pero eso no significa que el planeta no esté ahí. Podría:
Ser más débil que el límite de magnitud alcanzado (r ~ 21.3)
Estar justo tapado por una estrella
Estar en otra parte del cielo
O, claro... no existir
Sección técnica para nerds felices
La clave de la estrategia fue detectar movimiento por paralaje entre dos noches:
Paralaje angular estimado:
Δθ ≈ 4″ a 7″
En función de la distancia al objeto, el desplazamiento esperado es:
Δθ ≈ (1 AU) / D × 206265
donde D es la distancia al objeto en unidades astronómicas.
El número de fuentes detectadas por magnitud siguió una ley de potencia:
N(m) ∝ 10^(0.6m)
Y el límite de detección (r15 y r50) se obtuvo comparando el conteo real con la extrapolación del fondo de cielo, considerando un 15% y 50% de pérdida:
m(r) = (N_true(r) − N_obs(r)) / N_true(r)
Para detección doble (en ambas noches), la probabilidad de no ver el objeto es:
1 − m12(r) = (1 − m1(r)) × (1 − m2(r))
Crítica desde la filosofía de la ciencia
Aquí viene la parte deliciosa. Este artículo es un ejemplo hermoso de ciencia que no confirma una hipótesis, pero aún así aporta valor.
¿Por qué? Porque:
Reduce el espacio de incertidumbre
Mejora los métodos para futuras búsquedas
Pone a prueba una idea audaz (la del mensajero)
Y nos recuerda que la ciencia también progresa con los “no”
Además, es un homenaje a una forma casi artesanal de hacer astrofísica: observaciones bien pensadas, con telescopios modestos, pero con enorme rigor.
¿Y ahora qué?
El Planeta Nueve sigue escondido. Pero hay nuevas ideas:
Usar telescopios más sensibles (como Vera Rubin)
Buscar en infrarrojo
O explorar hipótesis más exóticas, como un agujero negro primordial o efectos de gravedad modificada (MOND)
Mientras tanto, este trabajo afina el mapa, reduce los errores, y nos da una historia digna de una novela cósmica.
Conclusión
La búsqueda del Planeta Nueve no es solo una cacería astronómica. Es una metáfora del conocimiento: sabemos que algo falta, sentimos su influencia, pero aún no lo podemos ver.
Y eso, como decía Carl Sagan, es la esencia misma de la ciencia: avanzar entre la niebla, con paciencia, con método, con asombro.
Referencias clave
Socas-Navarro, H. & Trujillo, I. (2025). A targeted search for Planet Nine in the CNEOS14 field. arXiv:2504.05473
Batygin & Brown (2016, 2021), Brown et al. (2024)
Siraj & Loeb (2022), de León et al. (2017)
Shankman et al. (2017), Napier et al. (2021)
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