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jueves, 22 de mayo de 2025

¿Y si la conciencia no emergiera del cerebro, sino del entrelazamiento cuántico?



Una defensa cuántica de la autoconciencia y la identidad personal

En un mundo donde las máquinas escriben, los algoritmos crean arte y la biología se edita como código, ¿aún sabemos qué significa ser una persona? ¿Qué somos? ¿Un cerebro? ¿Un cuerpo? ¿Una historia? ¿Una mente?
Para responder eso, el nuevo preprint de Gambini y Pullin nos lanza una propuesta tan osada como luminosa: la autoconciencia no surge de neuronas, sino de prehensiones cuánticas. Y nuestra identidad personal no es una ilusión psicológica: es una sucesión de estados fenomenales conectados por elecciones libres.

¿Parece místico? Es física. Pero de la buena.

Panprotopsiquismo cuántico: la física con alma

Este marco parte de una tesis radical pero rigurosamente argumentada: los estados cuánticos no son solo disposiciones físicas, sino también protofenomenales. No son “mentales” en sentido clásico, pero tienen una estructura suficiente para que, organizados de forma compleja (como en un cerebro), den lugar a experiencias conscientes reales.

Esto resuelve el famoso “problema de combinación” del panpsiquismo: cómo lo micro se convierte en lo macro.
La clave: entrelazamiento cuántico.

En un sistema entrelazado, las partes pierden su identidad. No se suman. Se transforman.
Lo que emerge no es un agregado de propiedades, sino una nueva entidad.
Así nace, en esta visión, la conciencia.

De proto-sujetos a personas

Todos los sistemas físicos, desde un electrón hasta un bebé, pueden ser considerados proto-sujetos si tienen prehensión: un correlato fenomenal de su estado cuántico.
Pero hay una jerarquía:

Proto-sujetos → sistemas en estados entrelazados, con capacidad causal (pero sin unidad personal)

Sujetos conscientes → animales con percepción estructurada y agencia

Sujetos autoconcientes → seres capaces de verse a sí mismos como sujetos

Esta última categoría —la que nos constituye como “personas”— requiere no solo sentir, sino saberse sintiendo. Requiere lenguaje, simbolización, y un módulo interpretativo capaz de proyectar un “yo” sobre el cuerpo y el mundo.

¿Qué es el "yo" en este modelo?

Según los autores, hay tres niveles fundamentales que definen al yo:

La organización física del cerebro (memoria, conexiones, plasticidad)

La secuencia de prehensiones cuánticas (eventos de experiencia, elecciones)

La agencia libre: el poder de elegir entre opciones reales, no determinadas

Esto permite responder a la clásica pregunta de identidad: ¿por qué soy la misma persona que ayer?

Respuesta: porque tu cuerpo está conectado, tus estados cuánticos tienen continuidad fenomenal, y tus actos están encadenados por tu libertad.

Sección técnica

En física cuántica, los sistemas entrelazados no se describen como suma de partes. Si tienes n partículas entrelazadas, el número de posibles estados es 2^n.
Eso permite emergencias cualitativas: propiedades que no se deducen de las partes.

Los estados cuánticos tienen una disposición a producir eventos, que se manifiestan como acciones, decisiones, movimientos neuronales.

Eso implica que las elecciones (por ejemplo, mover un brazo, escribir una idea) no están totalmente determinadas, sino influenciadas por el estado del sistema.
Esta es la base física del libre albedrío en este modelo.

Y como no hay clonación de estados cuánticos (por el no-cloning theorem), no puede haber copias idénticas de ti. La identidad personal es intransferible.

Reflexión filosófica

Este texto no rehúye las preguntas grandes. Al contrario: las asume de frente.

¿Somos solo procesos físicos? Sí… pero no clásicos. Somos procesos cuánticos fenomenales, con libertad, continuidad e historia.

El yo no es un mito, ni una mera ilusión cognitiva.
Es una secuencia de elecciones sostenidas en una estructura que no se puede replicar ni predecir completamente.

Y esa irreductibilidad —esa combinación de estructura, experiencia y libertad— es lo que te convierte en persona.

Implicaciones provocadoras

La muerte no es solo cese biológico: es ruptura de la continuidad fenomenal y de la agencia

La identidad personal no se puede clonar ni teletransportar

El libre albedrío no es mágico, pero tampoco está negado por la ciencia

La autoconciencia es el resultado evolutivo de la capacidad de estructurar prehensiones con sentido

La ética, el arte, la cultura... nacen del yo que elige

El determinismo es falso. Y eso lo cambia todo.

Conclusión

Este artículo no solo propone una solución al problema mente-cuerpo.
Redibuja el mapa del ser humano.

Nos recuerda que no somos máquinas programadas, ni almas flotantes. Somos sistemas físicos fenomenales, entrelazados con el mundo, pero capaces de separarnos de él mediante la elección.

Y eso —querer, decidir, saberse único— es el milagro cotidiano de estar vivo.

Referencias clave

Gambini, R. & Pullin, J. (2025). Self-consciousness and personal identity in quantum panprotopsychism. arXiv:2505.11530v1

Fisher, M. (2015). Quantum cognition and Posner molecules

Strawson, G. (2017). The Subject of Experience

Russell, B. (2007). The Analysis of Matter

Whitehead, A.N. (1978). Process and Reality

Korsgaard, C. (1996). The Sources of Normativity

Gazzaniga, M. (2011). Who's in Charge?

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