❄️➡️☀️ Física del calor invernal en México y la pregunta que no queremos hacernos
Por un físico, filósofo y divulgador que también habita el clima que estudia
🌡️ Enero solía sentirse distinto.
Olía a cobijas, a mañanas lentas, a aire frío que ordenaba el tiempo. Pero a finales de 2025 y principios de 2026, en Guadalajara y buena parte de México, enero se sintió fuera de lugar. Camisetas al mediodía. Ventiladores encendidos. Noches menos frías. No era una ola de calor escandalosa, pero sí algo más inquietante: calor persistente en una época que no debería tenerlo.
La pregunta científica correcta no es:
“¿Antes también hubo inviernos cálidos?”
La pregunta correcta es otra:
👉 ¿por qué este tipo de inviernos son ahora más probables, más frecuentes y más duraderos?
Responder eso exige física, datos, modelos… y después, inevitablemente, filosofía.
🧪 EL HECHO FÍSICO: UNA ANOMALÍA TÉRMICA
Desde el punto de vista climático, lo que ocurrió en México fue una anomalía térmica positiva. En términos simples:
Anomalía térmica = Temperatura observada − Temperatura promedio histórica
Cuando este valor es positivo de forma sostenida, hablamos de calor anómalo, incluso si no se rompen récords absolutos.
Es decir: no hizo “el día más caliente de la historia”, pero sí hizo calor cuando no tocaba.
🌤️ ALTA PRESIÓN, CIELOS DESPEJADOS Y MÁS ENERGÍA
Uno de los factores clave fue la persistencia de sistemas de alta presión (anticiclones). Un anticiclón implica:
• Aire descendente
• Menos nubes
• Más radiación solar llegando al suelo
• Menor ventilación atmosférica
Desde la física, el balance energético de la Tierra puede expresarse así:
(1 − α) · S / 4 = σ · T⁴
Donde:
α es el albedo (qué tanto refleja la superficie),
S es la radiación solar,
σ es la constante de Stefan-Boltzmann,
T es la temperatura.
📌 Menos nubes → menor reflexión → más energía absorbida → más calor.
🌀 ONDAS DE ROSSBY Y PATRONES “ATORADOS”
A esto se sumó el comportamiento de la corriente en chorro (jet stream). Se observaron ondulaciones amplias y lentas llamadas ondas de Rossby. Cuando estas ondas se mueven despacio, los sistemas atmosféricos se estancan.
Una relación simplificada de su dinámica es:
c = U − β / k²
Donde:
c es la velocidad de la onda,
U la velocidad media del flujo,
β el gradiente de Coriolis,
k el número de onda.
👉 Si c disminuye, el patrón no se mueve.
Resultado: el calor se queda.
🌍 ¿Y EL CAMBIO CLIMÁTICO? PRECISIÓN, NO ESLOGANES
Aquí hay que ser rigurosos.
El cambio climático no “causa” un evento individual, pero sí altera las probabilidades. En lenguaje estadístico:
P(evento cálido | clima actual) > P(evento cálido | clima preindustrial)
Esto no es opinión. Está documentado en literatura científica revisada por pares.
📚 Estudios clave muestran que:
• Los eventos cálidos fuera de estación son más probables
• Los patrones atmosféricos tienden a ser más persistentes
• El calentamiento global actúa como amplificador
📍 GUADALAJARA NO ESTÁ AISLADA
Guadalajara depende de la circulación global, la topografía y la interacción con el Pacífico. Cuando los frentes fríos no avanzan y domina la alta presión, el invierno se desdibuja. No desaparece, pero pierde su forma.
No es una anécdota.
Es una señal.
🧠 REFLEXIÓN FILOSÓFICA: CUANDO LO ANÓMALO SE VUELVE NORMAL
Aquí la física ya no basta.
Hannah Arendt advertía que el mayor peligro no es lo extraordinario, sino lo que se normaliza sin reflexión. Algo similar ocurre con el clima. No negamos el cambio climático; nos acostumbramos a él.
Primero decimos:
“Qué raro, hace calor para ser enero.”
Luego decimos:
“Ya no hace frío como antes.”
Finalmente decimos:
“Así es ahora.”
Y en ese proceso, el asombro desaparece.
Günther Anders hablaba del desfase entre lo que somos capaces de producir y lo que somos capaces de imaginar. Producimos un clima distinto, pero seguimos imaginándonos en el antiguo. Bruno Latour lo dijo sin rodeos: la naturaleza dejó de ser fondo y se volvió protagonista de la historia humana.
El calor en enero no es solo un dato meteorológico.
Es una grieta en nuestra idea de normalidad.
La pregunta filosófica no es “qué tan grave es”, sino:
👉 ¿qué tipo de mundo estamos aprendiendo a aceptar sin discutirlo?
🌌
No escribo esto como profeta ni como activista profesional. No hablo desde la urgencia del eslogan ni desde la comodidad del púlpito moral. Lo escribo como alguien que sabe leer ecuaciones —balances de energía, probabilidades, anomalías— y también sabe leer gestos cotidianos: la playera en enero, el ventilador encendido en invierno, el comentario resignado de “ya no hace frío como antes”. Es en esos gestos donde el cambio climático deja de ser una abstracción científica y se convierte en experiencia vivida.
Cuando el invierno deja de ser invierno, no solo cambia el clima. Cambia nuestra relación con el tiempo. Hannah Arendt advertía que una de las grandes pérdidas de la modernidad es la capacidad de pensar históricamente, es decir, de reconocernos como seres insertos en una continuidad temporal que nos precede y nos excede. El clima, durante siglos, fue parte de ese telón estable sobre el cual se desplegaba la historia humana. Hoy ese telón se mueve, se rasga, se recalienta. Y con él se altera nuestra memoria: la memoria de cómo eran las estaciones, de qué significaba cada época del año, de qué esperar del mundo.
Günther Anders fue aún más radical. Para él, el verdadero drama de nuestra época no es la catástrofe, sino el desfase entre lo que somos capaces de producir y lo que somos capaces de imaginar y asumir moralmente. Producimos un clima distinto, pero seguimos imaginándonos en el antiguo. Sabemos —con datos, con gráficos, con artículos revisados por pares— que el sistema climático está cambiando, pero actuamos como si ese conocimiento no exigiera una transformación equivalente en nuestras decisiones, instituciones y modos de vida. Vivimos, diría Anders, en una especie de analfabetismo moral frente a nuestra propia potencia técnica.
Bruno Latour llevó esta crítica al terreno político: la naturaleza ya no puede ser pensada como fondo neutro de la acción humana. El clima se ha convertido en actor, en agente, en algo que responde, resiste y devuelve consecuencias. Sin embargo, seguimos organizando nuestras sociedades como si la Tierra fuera infinita, pasiva y silenciosa. El calor en enero no es solo un dato meteorológico: es un mensaje ontológico, una señal de que el marco dentro del cual pensamos el progreso, el desarrollo y la normalidad ya no funciona.
Desde esta perspectiva, el mayor peligro no es el aumento de unos cuantos grados, sino la normalización de lo anómalo. Cuando lo extraño se vuelve cotidiano, dejamos de interrogarlo. Cuando dejamos de interrogarlo, dejamos de responsabilizarnos. La resignación —“así es ahora”— se convierte en una forma suave pero eficaz de negación.
¿Hay soluciones? Sí, pero no son simples ni exclusivamente técnicas. Desde la filosofía y la ciencia se perfilan al menos tres caminos complementarios:
Primero, repolitizar el clima. No como bandera partidista, sino como condición material de toda política futura. No hay economía, justicia social ni proyecto nacional posible en un clima desestabilizado.
Segundo, reeducar la percepción. Aprender a leer el mundo otra vez: las estaciones, el calor fuera de lugar, los silencios del invierno. Esto implica una alfabetización climática que no se quede en datos, sino que forme criterio, sensibilidad y responsabilidad.
Tercero, aceptar límites. Frente a la fantasía de control total, recuperar una ética de la moderación, del cuidado y de la suficiencia. No como nostalgia romántica, sino como respuesta racional a un sistema físico finito.
La física nos explica qué ocurre. Nos dice cómo fluye la energía, cómo se alteran las probabilidades, cómo responden los sistemas complejos. Pero la física no decide por nosotros. La filosofía, en cambio, nos obliga a formular la pregunta incómoda que sigue abierta: sabiendo lo que sabemos, viviendo lo que vivimos, ¿qué vamos a hacer con esto?
Esa pregunta no tiene una sola respuesta. Pero ignorarla ya no es una opción.
📖 REFERENCIAS:
• IPCC AR6 – Working Group I (2021-2023)
• Coumou & Rahmstorf (2012), Nature Climate Change
• Francis & Vavrus (2015), Environmental Research Letters
• Petoukhov et al. (2013), PNAS
• ERA5 Reanalysis – ECMWF
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